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Leyes de la alimentación

Existen reglas básicas para vivir más años y que son muy sencillas: alimentación y ejercicio. Ni prometedoras cirugías ni milagrosas fórmulas contra el paso de los años parecen lograr los efectos anti-envejecimiento de una sana dosis semanal de ejercicios y una alimentación equilibrada.

En el presente artículo conoceremos las 4 leyes fundamentales de la alimentación que debe tener muy en cuenta a la hora de decidirse por iniciar un plan que le permita verse ver, sentirse bien y tener energía:

1. Ley de la cantidad
La cantidad de alimentos debe ser suficiente para cubrir las necesidades calóricas del organismo. Los alimentos que proveen fundamentalmente calorías (energía) son los hidratos de carbono y las grasas.

La cantidad de calorías deberá ser suficiente como para proporcionar calor para mantener la temperatura corporal, la energía de la contracción muscular y el balance nutritivo.

Desde el punto de vista calórico, una dieta puede ser: suficiente, insuficiente, generosa o excesiva. De acuerdo a esta ley, los regímenes adelgazantes se consideran “insuficientes”, ya que permiten un descenso de peso a expensas de un contenido calórico reducido.

2. Ley de la calidad
Toda dieta deberá ser completa en su composición, asegurando el correcto funcionamiento de órganos y sistemas. En todo régimen deberán estar presentes: hidratos de carbono, proteínas, grasas, vitaminas, minerales y agua.

3. Ley de la armonía
Las cantidades de los diversos principios que componen la alimentación deberán guardar una relación de proporción entre ellos, de manera tal que cada uno aporte una parte del valor calórico total. Se recomienda:
*Carbohidratos 50% del valor calórico total
*Proteínas 15% del valor calórico total
*Grasas 35% del valor calórico total

4. Ley de la adecuación
Toda dieta deberá ser la apropiada para cada individuo en particular, considerando: edad, sexo, actividad, estado de salud, hábitos culturales y economía. Ello implica una correcta elección de los alimentos.

Composición alimentaria

– Hidratos de carbono, Carbohidratos o glúcidos
Son fuente de energía. El cuerpo quema carbohidratos con preferencia a las proteínas, para destinar estas últimas a los procesos de reconstitución celular.
Clasificación de los glúcidos:
a) Azúcares complejos de asimilación lenta
Almidón (presente en granos de origen vegetal y papa), celulosa (compuesto vegetal no absorbido por el cuerpo humano, importante para la evacuación intestinal), glucógeno.
b) Azúcares simples y dobles de asimilación rápida. Simples: glucosa (más importante), fructosa (azúcar de frutas, miel, legumbres). Dobles: sacarosa (azúcar industrial de remolacha o caña de azúcar), lactosa (azúcar de la leche).

– Proteínas
Son sustancias que proveen los aminoácidos necesarios para producir enzimas, anticuerpos y células de crecimiento, mantenimiento y reconstitución de tejidos. Las enzimas son sustancias necesarias para regular los procesos químicos del organismo.

Los anticuerpos sirven para luchar contra las infecciones y las enfermedades. Se recomienda un consumo diario de 1g de proteínas por kg de peso corporal. Ejemplo: una persona cuyo peso sea de 60 kg deberá consumir diariamente 60 g de proteínas. Las proteínas se hallan presentes en: carnes (rojas y blancas), lácteos, huevos, legumbres (soja) y frutas secas. Las proteínas de origen animal tienen mayor valor biológico que las de origen vegetal.

– Grasas o Lípidos
Representan una fuente concentrada de energía.
Son necesarias para suministrar protección a varios órganos vitales, aislamiento del cuerpo, transporte de vitaminas liposolubles (A, D, E y K), síntesis de hormonas sexuales. Clasificación de los lípidos:
a) Grasas saturadas: en su mayoría animales (manteca, grasa de carnes)
b) Grasas no saturadas: en su mayoría vegetales (aceite de oliva, maíz, girasol, germen de trigo) y pescados. Estas grasas ejercen función protectora en casos de hipercolesterolemia.

– Vitaminas
Son compuestos orgánicos de estructura química variada. Se encuentran presentes en los alimentos naturales en concentraciones muy pequeñas y son esenciales para mantener la salud y el crecimiento normal. Para asegurar su aporte al organismo es necesario consumir alimentos de origen vegetal, crudos y de “colores” variados (tanto frutas como verduras). Las vitaminas también se hallan en carnes, huevos y lácteos no hervidos.

Vitamina A: Necesaria para conservar una buena visión, una piel saludable y una buena dentadura. Es abundante en: vegetales y frutos pigmentados, zanahoria, tomate, durazno y espinaca; hígado, leche, manteca y huevo

Complejo vitamínico B: vitaminas B1, B2, B3, B5, B6, B12, ácido fólico y biotina. En términos generales, este complejo es necesario para el normal funcionamiento del sistema nervioso, mantenimiento de piel y cabello saludables y para prevención de anemia y trastornos digestivos. Se halla presente en: cereales integrales, carne, hígado, legumbres, levadura de cerveza, nueces y demás frutas secas, huevos y pescado.

Vitamina C: Fundamental para el buen funcionamiento del sistema inmunológico y Vascular, previene infecciones y tiene propiedades contra el envejecimiento. Abundante en cítricos, frutillas y tomates.

Vitamina D: Necesaria para la mineralización de los huesos. Previene el raquitismo en los niños y se utiliza conjuntamente con el calcio en el tratamiento de la osteoporosis del adulto. Se activa en la piel tras la exposición a la luz solar. Abundante en: yema de huevo, leche no hervida, vísceras, aceite de hígado de bacalao, pescados (salmón, atún, sardina, arenque).

Vitamina E: Necesaria para la función reproductiva, es también uno de los principales factores anti-envejecimiento. Se halla en verduras de hoja, aceites de maíz, maní, soja y germen de trigo.

Vitamina K: También denominada vitamina “antihemorrágica” es abundante en: repollo, coliflor, espinaca, tomate, queso, yema de huevo e hígado. En parte es sintetizada por las bacterias de la flora intestinal.

– Minerales
Previenen anemia (hierro) e infecciones (zinc), mejoran el rendimiento psicofísico (magnesio, fósforo, cobre y selenio), mineralización ósea (calcio), insuficiencia cardiovascular, mantenimiento medio interno (sodio, potasio, cloro).

Se requieren en pequeña cantidad. El hierro es abundante en carnes rojas, hígado, espinaca y lentejas. El fósforo abunda en los pescados de mar. El selenio, en hongos. Los lácteos son los alimentos más ricos en calcio, aunque también lo contienen cítricos, salmón, mariscos y brócoli.

Información tomada del libro “Cómo vivir cien años”, del Dr. Rafael Velasco Terán, especialista en medicina anti-envejecimiento.

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Nutrición que nos permite mantenernos sanos, jóvenes y con energía

Actualmente la proporción de ancianos en Europa se sitúa cerca del 20% y se prevé que aumente al 25% de aquí al 2020. Los cambios demográficos más pronunciados afectan al grupo de mayor edad (80 años y más).

Hay una serie de factores, como la nutrición, que contribuyen a este incremento de la esperanza de vida. Este fenómeno de escala mundial ha renovado el interés por el proceso de envejecimiento entre investigadores, responsables políticos e industriales.

En un taller de la Comisión Europea organizado en noviembre 2004, numerosos científicos pusieron en común los resultados obtenidos hasta el momento en las investigaciones relacionadas con la nutrición y el envejecimiento, con el fin de extraer enseñanzas para la asistencia sanitaria y definir prioridades para el futuro.

Nutrición y envejecimiento fue un área prioritaria del Quinto Programa Marco de la Unión Europea que concedió fondos para 10 proyectos de investigación en este ámbito. Algunos de los temas que abarcaban estos proyectos eran: dieta y prevención de la enfermedad de Alzheimer, alimentos funcionales para las personas mayores, vitamina D y salud ósea.

Una cesta de la compra anti-edad

La fruta es imprescindible como fuente de vitamina C, antioxidantes, fibra y minerales. Es importante que esté fresca y almacenada en casa poco tiempo. Se aconsejan uvas, albaricoques, melocotones y cítricos. No deben faltar los frutos secos, pues aportan vitamina E y grasas que ayudan a mantener los niveles de calcio.

Los más recomendables, almendra, nuez y avellana. Verduras y hortalizas son la mejor fuente de fibra, vitaminas, antioxidantes y minerales, además de tener pocas calorías. Sobre todo son beneficiosos la col, zanahorias, calabaza, espinacas, tomates y berros. El aceite de oliva virgen es una fuente valiosísima de vitamina E, sobre todo el virgen extra de primera prensada.

Una persona sana puede tomar sin problemas un huevo al día, pues aporta vitamina A y E, hierro y proteínas de la mejor calidad. Mejor los que llevan fecha de caducidad en la cáscara.

Los lácteos son una buena fuente de vitamina A, aunque conviene combinar los enteros con los desnatados y tomar queso con prudencia.

El pescado azul (salmón, sardinas, atún), es una fuente de ácidos grasos omega 3 importantes para frenar el envejecimiento.

Nutrición en el anciano sano

1. Necesidades calóricas
Dadas por la OMS, FAO y ONU, aconsejan 2300 kcal para varones de 70 kg de peso a partir de los 60 años de edad y 1900 kcal para mujeres de 55 kg de peso.

Se admite una reducción de un 10% en la ingestión calórica entre los 60-70 años y otro 10 % de descenso a partir de los 70. Esta reducción no deberá afectar a aquellos alimentos que contengan proteínas, minerales y vitaminas sino a aquellos alimentos que contengan mayor cantidad de grasas y azúcares.

2. Necesidades hídricas
La importancia del agua en la dieta aumenta con la edad y depende del ambiente y funcionamiento renal y digestivo. Como la capacidad funcional del riñón disminuye con la edad, se necesita un aporte acuoso mayor para conseguir una eliminación de los productos finales del metabolismo.

Por otro lado la falta de tono del aparato digestivo predispone al estreñimiento y una ingesta adecuada de agua favorece su tratamiento. Un anciano debe tomar 8 vasos de líquidos (2 litros), en forma de agua, bebidas azucaradas, jugos, café. La sensación de sed en los ancianos está disminuida.

3. Necesidades proteicas
En los ancianos, los aminoácidos esenciales son 8 y los no esenciales son 12. El consumo proteico suele representar un 12% de la ingestión calórica, de modo que al caer ésta con el envejecimiento, también disminuye la ingestión proteica. En el anciano un aumento del consumo de proteínas por encima de ciertos límites, no sería útil y además podría ser perjudicial por la sobrecarga renal que esta ingestión supone y que debe tenerse en cuenta por la mayor frecuencia de enfermedades renales o hepáticas.

El 60% proteínas de origen animal, carnes magras a la plancha, pescados cocidos o al vapor y 3 huevos a la semana (cocidos o pasados por agua). El 40% restante proteínas de origen vegetal, combinando legumbres y verduras, o legumbres y cereales para mejorar la digestibilidad y completar la tasa de aminoácidos esenciales.

4. Necesidades de lípidos
Lo que hay que evitar es tomar alimentos grasos excesivos por sus consecuencias sobre el aparato cardiovascular. La proporción debe ser: 8% en forma de ácidos grasos saturados, 16% de ácidos grasos monoinsaturados, 8% de ácidos grasos poliinsaturados

5. Necesidades de hidratos de carbono
Se recomienda la forma de almidón o glucógeno en vez de mono o disacáridos.

6. Necesidades de minerales
Las necesidades de hierro son similares que en los adultos. La ingesta de calcio debe ser la adecuada para prevenir o tratar la osteoporosis.

7. Necesidades de vitaminas
La ingestión de vitaminas en ancianos es menor de la recomendada.

Información tomada del libro “Cómo vivir cien años”, del Dr. Rafael Velasco Terán, especialista en medicina anti-envejecimiento.

¿Quiere vivir más?

Coma un poco menos. El secreto de la eterna juventud no está en píldoras mágicas, sino en las calorías. Esta es la hipótesis de un grupo de científicos dedicados al estudio del envejecimiento. Sus convicciones son fruto de años de investigación sobre los efectos de la dieta restrictiva en ratas y monos.

Y hoy que millares de personas que mueren por la falta de alimentos, conviven con 150 millones de obesos, los expertos indican que la reducción de la dieta diaria a 1.800 calorías es el camino para que el hombre llegue a centenario. Visítenos en http://www.angeljuez.wordpress.com.

Probióticos
Definición de la Organización Mundial de la Salud: “Son microorganismos vivos que cuando son suministrados en cantidades adecuadas promueven beneficios en la salud del organismo huésped”.

En cantidades suficientes contribuyen al equilibrio de la flora bacteriana intestinal del huésped y potenciar el sistema inmunológico. Son capaces de atravesar el tubo digestivo, recuperarse vivos en las heces y adherirse a la mucosa intestinal.

No son patógenos, excepto en casos en que se suministran a individuos inmunodeficientes. Son los yogures frescos, leches fermentadas, el kéfir búlgaro del Cáucaso o yogurt de pajaritos. Son limpiadores del intestino, eliminan toxinas y las fibras ayudan a mejorar el tiempo de tránsito, las bacterias de la pared intestinal son despojadas alterando desfavorablemente el equilibrio de las 100 billones de bacterias que son residentes en dicha pared.

Adicionalmente, los limpiadores o fibras no hacen nada para ayudar a nuestro cuerpo a vigilar la carga astronómica adicional de bacterias que atraviesan nuestros cuerpos todos los días, que constituye un mínimo del 40% del peso seco de la materia fecal. Los probióticos estimulan la activación del crecimiento de otras bacterias buenas en el intestino. Estas no son digeribles. Tales probióticos serian los oligosacáridos en alimentos que promueve el crecimiento normal y se encuentran en el colon.

También existen otras sustancias en alimentos como almidón, fibras y sugar alcohols que pueden trabajar como probióticos. Los probióticos son las bacterias es decir son cultivos activos, tales como las bacterias del ácido láctico y alimentos que lo contengan que ayudan el intercambio de bacterias en el intestino. Lactobacillus y Bifidobacterias están en el yogurt.

La fortificación de alimentos con probióticos es la estrategia de mejor costo-efectividad y a diferencia de la diversificación de la dieta, no afecta los hábitos alimentarios de la población. Estudios, sugieren que el sistema inmune se beneficia con los probióticos. Varios países desarrollados han implementado la fortificación de alimentos para controlar las deficiencias de nutrientes en sus poblaciones.

El objetivo es el de prevenir o corregir una deficiencia demostrada, de uno o más nutrientes en la población. Los probióticos son microorganismos y sustancias que contribuyen al equilibrio microbiano intestinal, para restituir la población del medio interno y proteger la integridad intestinal. Formas comunes de probióticos son Lactobacillus y Bifido Bacterium, que inhiben el desarrollo de
bacterias tóxicas.

Prebióticos
“Ingredientes no digestibles que afectan beneficiosamente al organismo mediante la estimulación del crecimiento y/ actividad de una o varias cepas de bacterias en el colon, mejorando la salud”. La definición de pre-biótico es literalmente como “promotores de vida” (contraria a antibiótico), este tipo de alimentos se muestra en forma de productos lácteos.

Los alimentos prebióticos al contrario de los probióticos (compuestos de microorganismos vivos) son por regla general hidratos de carbono no digestibles. Estos alimentos prebióticos estimulan el crecimiento y la actividad de bacterias beneficiosas para la flora intestinal. Uno de los mejores hidratos de carbono ‘no digestibles’ investigados es la lactulosa (se trata de un azúcar compuesto por los azúcares naturales fructosa y galactosa), la lactulosa es en sí misma una sustancia prebiótica.

En esta categoría de alimentos prebióticos se encuentran la fibra alimenticia, los fructo-oligosacáridos, la inulina. Todas estas moléculas pueden formar parte de la composición intrínseca de los alimentos o añadirse a los mismos (alimentos funcionales). Los alimentos prebióticos que mejor definen esta función son los hidratos de carbono similares a la inulina (glúcidos complejos (polisacáridos), compuestos de cadenas moleculares de fructosa. Es por lo tanto un fructosano o fructano, que se encuentran en las raíces, tubérculos y rizomas de ciertas plantas fanerógamas en forma de sustancias de reserva. Forman parte de la fibra alimentaria y se usan en la industria alimentaria como sustitutos de azúcares y grasas. El Yogurt o leche fermentada, es un alimento enriquecido con Prebióticos.

Nutracéuticos
Los alimentos nutracéuticos son alimentos o parte de un alimento que proporcionan beneficios médicos o para la salud, incluyendo la prevención y/o el tratamiento de enfermedades juntamente con capacidad terapéutica definida, a parte de su papel nutritivo básico desde el punto de vista material y energético, también son productos de origen natural con propiedades biológicas activas.

El mundo de los nutracéuticos es el mundo de los medicamentos de origen natural. Los nutracéuticos no son nutrientes asociados con deficiencias en la dieta, sin embargo, son compuestos cuyo consumo ha sido asociado con la prevención y el tratamiento de enfermedades.

Cuando hablamos de Nutracéuticos, nos referimos a una medicina biológica y de una categoría muy amplia de productos que deben cumplir los siguientes criterios:

1. Ser productos de origen natural
2. Que aporten estabilidad temporal
3. Que aporten efectos beneficiosos para la salud: mejora de una o más funciones fisiológicas, acción preventiva, curativa y mejora de la calidad de vida
4. Que aporten reproducibilidad, calidad, seguridad y eficacia
5. Estudios reproducibles de sus propiedades bioactivas.

Dentro de este contexto, cabe mencionar que desde el 2007, se comercializa en el Ecuador una línea de productos elaborados 100% que han demostrado poseer los nutrientes que realmente nuestro organismo necesita y que cumplen a cabalidad con los cinco criterios establecidos en el párrafo anterior. Se han presentado múltiples testimonios que dan cuenta de la efectividad de estos productos en la prevención y tratamiento de múltiples enfermedades. Si desea más información consulte en http://www.naturainternational.com.

Nutrientes
Son los azúcares y las grasas. Dentro del primero cabe mencionar al chocolate, porque contiene alta cantidad de antioxidantes que evitan el daño y el riesgo de enfermedades crónicas y enfermedades trombóticas.

Información tomada del libro “Cómo vivir cien años”, del Dr. Rafael Velasco Terán, especialista en medicina anti-envejecimiento.

Ejercitarse un poco todos los días es mucho mejor que esperar el fin de semana

Es notable la falta de ejercicios físicos en la gente de la tercera edad, a pesar de saberse que el ejercicio retrasa el envejecimiento. ¿Cuánto ejercicio hace falta para alcanzar buenos resultados?

Si miramos en la historia, el mantener la actividad física durante toda la vida, era evidente en los tiempos antiguos. Nuestros ancestros, cazadores y cosechadores, se mantenían altos y erguidos, tenían fuertes huesos y músculos que conservaban hasta avanzada edad.

La actividad que se inicia y se interrumpe produce tensión al cuerpo, que prefiere breves sesiones diarias. A algunas personas no le interesan los deportes ni la gimnasia, pero puede mantenerse activo haciendo la cama, subiendo escaleras, en vez de utilizar el ascensor, caminando en vez de tomar un taxi y volviendo a la casa a pie con una bolsa de provisiones. Se requiere un ejercicio más largo y sostenido para desarrollar un buen estado general, acumular músculo y aumentar la resistencia.

Las actividades mencionadas sirven, básicamente, para tonificar el sistema cardiovascular, bombeando la sangre algo más deprisa y brindando un poco de esfuerzo a los pulmones. En estudios se ha descubierto que las personas menos activas tienen la mayor tasa de mortalidad.

Entre los hombres más sedentarios, los fallecimientos son 3 veces más frecuentes que entre los de mejor estado físico. Las mujeres más inactivas presentaban una tasa de mortalidad 5 veces superior a las que presentaban el mejor estado físico. Lo sorprendente es que las mejoras más notables se producen con niveles de actividad bastante modestos. La persona que camina 30 minutos al día, 6 días a la semana, tiene una tasa de mortalidad casi tan baja como quien corre 60 kms por semana.

No es lo mismo ejercitarse para mantener un buen estado físico, que ejercitarse para estar sano. Siempre que se practique una actividad regular mínima (equivalente a caminar media hora al día) se obtienen casi todos los beneficios otorgados por el ejercicio. La tasa de mortalidad de los sedentarios de ambos sexos es el doble de las personas que caminan todos los días.

Caminar quema 400 calorías por hora, según la velocidad con que se camine.

En la vida la clave es el equilibrio:
1-Moderación: no llegar a extremos
2-Regularidad: seguir una rutina
3-Descanso = descanso
4-Actividad = actividad

Estas 4 cosas parecen sencillas, pero tan sólo la especie humana tiene control sobre ellas, por ser la única especie dotada de consciencia de sí. En los animales inferiores es el instinto el que dicta el ciclo de descanso y actividad, que los humanos pueden ignorar libremente. Si lo ignoramos en la dirección equivocada, lo que hacemos es acelerar la entropía.

Esto se ha hecho visible en los peores aspectos de la vida moderna, que paradójicamente mezcla la mayor comodidad con un creciente desorden. Un llamativo ejemplo de cómo reflejan nuestros cuerpos el desequilibrio de nuestro estilo de vida está en los trastornos cardíacos, principal dolencia de los ancianos de nuestra sociedad, causantes de más muertes que todas las otras enfermedades sumadas.

El hecho de que la vida moderna tienda a ser tan desequilibrada en desafío a las necesidades innatas del cuerpo, no pasa desapercibido para la fisiología. Su cuerpo envía señales inconfundibles cada vez que no se satisfacen sus necesidades. El estómago dice que está demasiado lleno. Los músculos tiemblan cuando se les exige más allá de su capacidad. Quienes prestan atención a los instintos del cuerpo, quienes tratan de fluir con la actividad diaria en vez de empujar y correr, tienen más posibilidades de establecer un ritmo natural, pese a los pocos requisitos físicos de la vida moderna.

Los gerontólogos han descubierto que el músculo tiene mucha responsabilidad en la vitalidad general del cuerpo. Al adquirir músculos en años avanzados, las personas pueden rejuvenecer notablemente toda su fisiología, siendo que antes se consideraba que la pérdida de fuerza muscular era inevitable al aumentar la edad.

Las investigaciones probaron que esta tendencia se puede revertir. Se sometió a 12 hombres con edades entre 60 y 72 años a 3 sesiones semanales de levantamiento de pesas bajo supervisión, durante 3 meses. Al terminar el experimento, la fuerza de los hombres había aumentado, el tamaño de sus cuádriceps era el doble y los poplíteos se habían engrosado al triple. Mejoraron bio-marcadores: presión arterial y tolerancia del azúcar sanguíneo.

Tomado del libro “Cómo vivir cien años”, del Dr. Rafael Velasco Terán, especialista en medicina anti-envejecimiento.

La Longevidad: ¿Congénita o Adquirida?

Se supone que si a un ser humano lo pusiéramos en condiciones perfectas, viviría sanamente hasta los 125 años de edad promedio. El ser humano que ha vivido más tiempo ha sido una mujer francesa que llegó a vivir hasta 122 años. Cualquiera se da cuenta de que la mayoría de nosotros no vive esta cantidad de años.

Tratemos de encontrar la razón. En algunos países, como USA las personas mayores de 60 años de edad eran el 20% de la población en el 2000. Durante mucho tiempo el envejecimiento ha sido estudiado en el contexto de las enfermedades que generalmente la acompañan. Sabemos que el 80% de aquellos que mueren después de los 60 años de edad, mueren de enfermedades prevenibles tales como el cáncer, diabetes y la insuficiencia cardíaca. Ahora la investigación se enfoca en estudiar un envejecimiento sano.

Lo que se ha demostrado una y otra vez, es la influencia indiscutible del estilo de vida: dieta, actividad física y la actitud: enfoque real y práctico ante el hecho inevitable de la muerte cercana. En un ensayo clínico relacionado con el ejercicio, los investigadores concluyeron que si los individuos que están relativamente sanos pueden todavía obtener algo de beneficio del ejercicio, aquellos con deterioro emocional y físico pueden beneficiarse aún más.

Aunque es fácil culpar de un envejecimiento debilitado a los genes, el argumento genético se disuelve cuando se han hecho estudios en gemelos criados en medios ambiente separados. Se ha estudiado el fenómeno de la elevación de la presión sanguínea en relación con otros factores, tales como la masa corporal y se demostró que el consumo del alcohol, en especial tenía un efecto devastador, al igual que los cambios en el estilo de vida, generalmente de la vida rural a la urbana.

La conclusión fue simple, no son sus genes, sino su dieta y el estilo de vida lo que cambia su perspectiva. También hemos sabido durante años que la gente físicamente activa tiene una esperanza de vida que es en promedio 7 años más larga que la de la gente sedentaria. Aquellos que practican ejercicio son menos propensos a la depresión y a la ansiedad y experimentan una mejor eficiencia mental.

Se pensaba que el ejercicio vigoroso era malo para los ancianos, pues ya sabemos que no es cierto. El aspecto emocional también ejerce gran influencia en la longevidad. Se ha visto que aquellas personas que son más relacionadas y que tienen propósitos en su vida, tienen mayor probabilidad de una vida más larga. Por otro lado, hay evidencia de que vivir solo puede tener un impacto negativo sobre la salud, especialmente en los hombres. Lo mismo sucede en el caso de los casados, quienes generalmente viven más.

Un buen vaticinio de larga vida es la salud emocional y psicológica. Los problemas de salud mental están fuertemente relacionados con las muertes por lesiones o enfermedades cardiovasculares. Conforme aumenta el número de estudios sobre la longevidad, nos damos cuenta de que otro factor que influye en ella, es la alegría, que podemos definir como optimismo y un buen sentido del humor. Esta alegría está inversamente relacionada con la longevidad. Con relación a la dieta, lo primero que podemos hacer es incrementar el consumo de antioxidantes, ya sea como alimentos o como complementos, si es posible consumamos productos orgánicos. No comer cosas enlatadas, refinadas ni fritas. Moderar la ingesta de sal, azúcar y alcohol. Consumir frutas y verduras frescas, especialmente de la estación.

El ejercicio regular puede disminuir el riesgo de cáncer y mejorar la función del sistema inmunológico. Otro aspecto que influye en la longevidad es la restricción calórica (máximo 1,600 calorías al día), así como también la meditación y relajación.

Actualmente, la esperanza de vida de los adultos mayores (60 años y más) es de 20 años para ambos sexos. Para alcanzar una longevidad satisfactoria, debe lograrse un envejecimiento saludable. Etapa que comienza mucho antes de los 60 años. Esta solo puede obtenerse desarrollando desde la infancia, hábitos y estilos de vida saludables, así como realizando prevención temprana de algunas enfermedades. Si bien la mayoría de los ancianos están en condiciones de mantenerse libres de discapacidad, la falta de un envejecimiento saludable desemboca en una vejez “patológica”.

Somos lo que comemos

Está ampliamente comprobado que los estilos de vida sedentarios son una importante causa de mortalidad, morbilidad y discapacidad. Los modos de vida sedentarios son una de las 10 causas fundamentales de mortalidad y discapacidad en el mundo.

Datos de la OMS revelan que 2 millones de muertes pueden atribuirse cada año a la inactividad física. El sedentarismo aumenta las causas de mortalidad, duplica el riesgo de enfermedad cardiovascular, de diabetes de tipo II y de obesidad. Aumenta el riesgo de hipertensión arterial, problemas de peso, osteoporosis, depresión y ansiedad. Además, es uno de los factores de riesgo para padecer cáncer de colon y de mama, entre otros. La información del presente artículo fue tomada del libro “Cómo vivir cien años”, del Dr. Rafael Velasco Terán, especialista en medicina anti-envejecimiento. Visítenos en http://www.angeljuez.wordpress.com.

¿Cómo añadir años a la vida y vida a los años?

Lo ideal es vivir cuidando nuestra salud, saber vivir, a fin de cuentas por ahí se empieza y se termina. Un aspecto muy importante que no podemos dejar de mencionar es tomar conciencia desde jóvenes de la necesidad de adoptar buenos hábitos de nutrición que repercutan beneficiosamente en nuestra salud y la de nuestros órganos.

Se ha establecido una relación entre el estilo de vida y las causas de mortalidad, recalcando así la importancia en el futuro de nuestros hábitos. De tal manera que conforme vamos alcanzando cierta edad se hacen patentes los efectos de nuestros hábitos pasados. Por lo que es importante el cuidado que le demos a nuestro cuerpo y la manera en que llevemos nuestra vida diaria, resaltando la necesidad de mejorar nuestra calidad de vida.

El dicho hipocrático “somos lo que comemos” está presente en toda filosofía del envejecimiento.

Es básico cumplir a conciencia con lo siguiente:

– Reducir el consumo de los azúcares.
– Tomar los alimentos naturales, frescos y sin aditivos.
– Llevar una dieta baja en grasas.
– Limitar el consumo de carnes rojas, en su lugar comer pescados y pollos sin piel.
– Ingerir verduras y frutas frescas para proveerse de vitaminas esenciales y de minerales como los antioxidantes y el zinc.
– Ingerir complejos vitamínicos con vitaminas C y E además de beta bloqueadores.
– Reducir el consumo de sal y dulces, esto será crucial en los hombres para garantizar el buen funcionamiento de la próstata y va a influir en el buen estado del organismo en general.

El beta caroteno, la vitamina A, C y E, defienden el organismo ante múltiples enfermedades y agentes nocivos como la contaminación, alcohol y tabaco. La vitamina C es muy necesaria para la salud de la piel, activar sus defensas y otorgar resistencia a las agresiones, muy intensas en verano, e interviene en la síntesis del colágeno, proteína que constituye el tejido cutáneo y le da sostén.

La vitamina E es antioxidante por excelencia y ayuda a mejorar el tejido celular, contrarresta con eficacia el envejecimiento, ayuda a mejorar la circulación sanguínea y es un factor determinante para la salud de la piel.

Alimentos antioxidantes
No existe ningún otro alimento como las frutas y verduras que posean tantos antioxidantes que transformen las células en fortalezas contra los radicales libres. Las 10 más ricas en antioxidantes son:

1. Aguacates
2. Frutillas, moras, fresas, frambuesas
3. Brócoli
4. Repollo y coles en general
5. Zanahorias
6. Cítricos
7. Uvas: contienen hasta 20 antioxidantes
8. Cebollas, sobre todo las moradas
9. Espinacas
10. Tomates

Desde el 2007 se comercializa en Ecuador una línea de suplementos nutricionales que brindan un significativo aporte a la salud de las personas de todas las edades. Los más recomendados y que son frecuentemente solicitados dada su efectividad en la prevención y tratamiento de diferentes enfermedades son: Xanthin, Pura Vida, All Nutrition, Aloe Cleanser, All Enzyme, etc. Detalles en http://www.naturainternational.com

Utilizando ejercicios aeróbicos adecuados como caminatas, montar bicicleta, nadar, prácticas de relajación o excursiones y por sobre todas las cosas, nunca dejar de trabajar, mantenerse siempre en movimiento es muy importante. El ejercicio físico aeróbico, es esencial en la prevención de muchas enfermedades como la depresión, hipertensión, diabetes, osteoporosis.

Conozca cinco contraindicaciones para el ejercicio en los adultos mayores

Se recomienda comenzar la actividad física cuanto antes y no esperar a que se manifiesten totalmente los síntomas del envejecimiento.

 Son conocidas las ventajas del ejercicio en ancianos y que podemos resumir en la mejora de la convivencia socio familiar (mayor optimismo y auto-confianza), concentración y sueño, apetito, equilibrio y coordinación, aspecto físico (menor riesgo de sobrepeso), capacidad cardio-respiratoria y la respuesta sensorial. Además disminuye el riesgo de sufrir depresiones y ansiedad al llenar el tiempo.

 Los deportes que implican cargar pesos son los que producen mayor re-mineralización ósea.

 No todos los ancianos poseen la misma resistencia física, por lo tanto no todos pueden realizar las mismas actividades.

 La validez cognitiva y funcional del anciano ha de ser medida para saber cuál es el programa más adecuado para su salud integral. Se realiza al individuo una Evaluación Geriátrica, como primer paso, es decir se realiza la batería ECFA (Evaluación de la Condición Física en Ancianos).

 Dicha batería está estructurada atendiendo a 6 capacidades e índices físicos a partir de los cuales surgen las 8 pruebas físicas que constituyen la batería.

 Con ellas   se evalúa por una parte aquellas capacidades físicas que determina el estado de salud física de cualquier sujeto y por otra, las capacidades perceptivo-motrices como son el equilibrio estático monopodal con visión y la agilidad manual, capacidades que se ven alterados por el paso del tiempo.

 Pese a la importancia del ejercicio físico en los adultos mayores, en el presente artículo consideraremos las cinco principales razones por las que deben abstenerse a realizar cualquier actividad de orden físico. Tomado del libro “Cómo vivir cien años”, del Dr. Rafael Velasco Terán, científico especialista en medicina anti-envejecimiento.  

Contraindicaciones del Ejercicio Físico en la Tercera Edad

La edad no es contraindicación de ningún ejercicio físico, aunque hay situaciones que se debe tomar en cuenta.

 1.    Contraindicaciones absolutas permanentes

Enfermedades incurables: neoplasias, insuficiencia cardíaca descompensada, aneurisma ventricular, bloqueo aurículo-ventricular completo. Arritmias malignas. Insuficiencia renal crónica, insuficiencia respiratoria, hipertensión pulmonar, insuficiencia suprarrenal, hernias grandes no operables, epilepsia no controlada. Angina de pecho

 2.    Contraindicaciones absolutas temporales

Infecciones: tuberculosis en fase activa, hepatitis viral, fiebre reumática aguda.

Cardíacas: infarto agudo de miocardio en los 3 primeros meses, angina de pecho inestable, miocarditis, miocardiopatías, endocarditis infecciosa.

Otras: litiasis biliar y urinaria, hernias no operadas.

Traumáticas: toda lesión que exija inmovilización y una posterior rehabilitación.

 3.    Contraindicaciones relativas permanentes

Diabetes, hiperlipidemias, obesidad: reducir su actividad moderando la actividad.

 Se aconseja actividad física pero de intensidad menor.

Hipertensión arterial: Contraindicados solo los ejercicios isométricos.

 5.    Contraindicaciones relativas temporales

Procesos infecciosos banales: Catarro, gripe, proceso viral

Enfermedades inflamatorias en actividad: Úlcera péptica, artritis, osteoartrosis.

 La presente información fue extraída del libro “Cómo vivir cien años” del Dr. Rafael Velasco Terán, especialista en medicina anti-envejecimiento.