Ejercitarse un poco todos los días es mucho mejor que esperar el fin de semana

Es notable la falta de ejercicios físicos en la gente de la tercera edad, a pesar de saberse que el ejercicio retrasa el envejecimiento. ¿Cuánto ejercicio hace falta para alcanzar buenos resultados?

Si miramos en la historia, el mantener la actividad física durante toda la vida, era evidente en los tiempos antiguos. Nuestros ancestros, cazadores y cosechadores, se mantenían altos y erguidos, tenían fuertes huesos y músculos que conservaban hasta avanzada edad.

La actividad que se inicia y se interrumpe produce tensión al cuerpo, que prefiere breves sesiones diarias. A algunas personas no le interesan los deportes ni la gimnasia, pero puede mantenerse activo haciendo la cama, subiendo escaleras, en vez de utilizar el ascensor, caminando en vez de tomar un taxi y volviendo a la casa a pie con una bolsa de provisiones. Se requiere un ejercicio más largo y sostenido para desarrollar un buen estado general, acumular músculo y aumentar la resistencia.

Las actividades mencionadas sirven, básicamente, para tonificar el sistema cardiovascular, bombeando la sangre algo más deprisa y brindando un poco de esfuerzo a los pulmones. En estudios se ha descubierto que las personas menos activas tienen la mayor tasa de mortalidad.

Entre los hombres más sedentarios, los fallecimientos son 3 veces más frecuentes que entre los de mejor estado físico. Las mujeres más inactivas presentaban una tasa de mortalidad 5 veces superior a las que presentaban el mejor estado físico. Lo sorprendente es que las mejoras más notables se producen con niveles de actividad bastante modestos. La persona que camina 30 minutos al día, 6 días a la semana, tiene una tasa de mortalidad casi tan baja como quien corre 60 kms por semana.

No es lo mismo ejercitarse para mantener un buen estado físico, que ejercitarse para estar sano. Siempre que se practique una actividad regular mínima (equivalente a caminar media hora al día) se obtienen casi todos los beneficios otorgados por el ejercicio. La tasa de mortalidad de los sedentarios de ambos sexos es el doble de las personas que caminan todos los días.

Caminar quema 400 calorías por hora, según la velocidad con que se camine.

En la vida la clave es el equilibrio:
1-Moderación: no llegar a extremos
2-Regularidad: seguir una rutina
3-Descanso = descanso
4-Actividad = actividad

Estas 4 cosas parecen sencillas, pero tan sólo la especie humana tiene control sobre ellas, por ser la única especie dotada de consciencia de sí. En los animales inferiores es el instinto el que dicta el ciclo de descanso y actividad, que los humanos pueden ignorar libremente. Si lo ignoramos en la dirección equivocada, lo que hacemos es acelerar la entropía.

Esto se ha hecho visible en los peores aspectos de la vida moderna, que paradójicamente mezcla la mayor comodidad con un creciente desorden. Un llamativo ejemplo de cómo reflejan nuestros cuerpos el desequilibrio de nuestro estilo de vida está en los trastornos cardíacos, principal dolencia de los ancianos de nuestra sociedad, causantes de más muertes que todas las otras enfermedades sumadas.

El hecho de que la vida moderna tienda a ser tan desequilibrada en desafío a las necesidades innatas del cuerpo, no pasa desapercibido para la fisiología. Su cuerpo envía señales inconfundibles cada vez que no se satisfacen sus necesidades. El estómago dice que está demasiado lleno. Los músculos tiemblan cuando se les exige más allá de su capacidad. Quienes prestan atención a los instintos del cuerpo, quienes tratan de fluir con la actividad diaria en vez de empujar y correr, tienen más posibilidades de establecer un ritmo natural, pese a los pocos requisitos físicos de la vida moderna.

Los gerontólogos han descubierto que el músculo tiene mucha responsabilidad en la vitalidad general del cuerpo. Al adquirir músculos en años avanzados, las personas pueden rejuvenecer notablemente toda su fisiología, siendo que antes se consideraba que la pérdida de fuerza muscular era inevitable al aumentar la edad.

Las investigaciones probaron que esta tendencia se puede revertir. Se sometió a 12 hombres con edades entre 60 y 72 años a 3 sesiones semanales de levantamiento de pesas bajo supervisión, durante 3 meses. Al terminar el experimento, la fuerza de los hombres había aumentado, el tamaño de sus cuádriceps era el doble y los poplíteos se habían engrosado al triple. Mejoraron bio-marcadores: presión arterial y tolerancia del azúcar sanguíneo.

Tomado del libro “Cómo vivir cien años”, del Dr. Rafael Velasco Terán, especialista en medicina anti-envejecimiento.

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